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Conceder unos minutos al mundo

Conceder unos minutos al mundo

Del gris al arcoiris cuando miramos el mundo

¡Hola liant@s!

El mundo siempre puede mejorar, es cierto. Pueden haber más sonrisas, más miradas de complicidad, un gracias y un de nada fortuito... ¡qué sé yo!
Me gusta pasear por la calle y mantener contacto visual con las personas con las que me cruzo, atreviéndome a parecer una loca o una admiradora obsesa. Pero me gusta saber que hay vidas a mi alrededor, que sienten, aman y padecen igual que yo. Me enriquece sentir que el mundo está hecho de algo más que las cuatros noticias de mierda que nos dicen en el telediario.
 
Imagen: Una mamá diseñadora
Soy de esas personas que cuando cruzan un paso de peatones da las gracias mirando al conductor e incluso sonrío, aunque haya sido su obligación parar. Es diferente caminar por la vida observando el mundo y haciéndolo tuyo, te hace más poseedora de tus vivencias y en definitiva, te hace más feliz. Muchas veces me pongo los auriculares, si no voy con mi bebé, y camino por la calle como si fuera un gran videoclip con una súper producción. Y parece que todo se mueve al ritmo de mi música. Me divierte, me hace sentir grande. Me suben las revoluciones, ando más rápido, segrego endorfinas... ¡es mi truco para darle un subidón a mi ánimo!
 
Lo que otros no saben que mientras les veo, les hago bailar, actuar o aplaudir como espectadores de mi show. Y todos se convierten en algo importante para mí en ese justo momento. ¿Cómo no tratarles bien entonces? Llego al pie del paso de peatones y digo hola al resto de personas que esperan, me miran raro, pero me acaban saludando. Es curioso, las personas con más edad son las que menos barreras ponen a los que como yo, intentamos alegrar el paso. Si voy a comprar al supermercado siempre le digo una palabra amable a la persona que peor me trata. Si no me da los buenos días, yo se los doy con una gran sonrisa y así le hago ver que no ha sido cortés conmigo. Al frutero le hago una broma y a la charcutera le escucho las penas... total, que me paso un rato en el súper y he hecho un tejido social fantástico. Lo que más me gusta es ir a la carnicería y pedirle lo mejorcito para mi niña. Y no sólo me pone lo mejor, sino que lo hace con todo el cariño del mundo y le quita cualquier milímetro de grasa que pueda tener. Es una maravilla cuidar a los que te encuentras en el camino, así siempre estarás cobijado. 
 
Es cierto que a veces tengo una día de mierda y no me apetece levantar la cabeza del suelo y esos días también los vivo a tope de mala leche, es lo que tiene ser una persona apasionada. Pero si en tu día le concedes algunos minutos al mundo, estoy segura de que serás una persona mucho más feliz en el entorno en el que estés.
 
Te propongo un reto, ¿lo intentas una semana? ¿dos días?
 
¡Hasta nuevos líos!

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